¿Aguanta?: el Gobierno usa la «aspiradora» de pesos a máxima potencia para dar pelea a la suba de precios


El Banco Central ya acumula un stock de «pagarés» de $440.000 millones en concepto de Lebac, título que ofrece a bancos a cambio de moneda local. El intercambio no es gratis: paga una tasa muy alta, del 30%. En la city ven con preocupación el abuso de este mecanismo. Impacto en ahorristas y empresas

 

 

 
Todos en el Gobierno saben que más allá del ruido mediático causado por las amenazas de sanciones a supermercados y carniceros, hay una herramienta más efectiva para darle pelea a la suba de precios: la «aspiradora» de pesos.
En otras palabras, que la cantidad de moneda local que circula en la economía no crezca de manera desmedida y que ese circulante esté alineado con el cumplimiento de las llamadas «metas de inflación», principal objetivo de la administración macrista.

El encargado de manejar ese artefacto es el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, que se ha abocado a la tarea con marcado entusiasmo: lleva «aspirados» del mercado unos $100.000 millones.

Claro que no todos elogian su accionar. Algunos creen que el costo de absorber pesos del mercado es demasiado caro.

Es que para hacerlo debe emitir títulos Lebac, ofrecérselos a los bancos, pagarles una alta tasa de interés, a cambio de que ellos les entreguen moneda local.

Otros, ponen el foco en algo que consideran una bomba de tiempo: el «déficit cuasifical». Así se denomina en la jerga a la acumulación de pagos del Banco Central, consecuencia de la emisión masiva y endeudamiento vía estos títulos.

Y también están los que advierten sobre otro peligro de este accionar de la entidad, ya que entienden que agudizará la tendencia a una economía recesiva.

¿Por qué? Porque al pagarle una tasa muy alta a los bancos para que les compren estos títulos, no hace otra cosa que desplazar al sector privado y encarecerle los créditos (ver nota: El Estado va a ser el principal «enemigo» de los ahorristas y empresas a la hora de pedir crédito barato).
Aun entre quienes sí lo elogian, surgen dudas sobre hasta cuándo Sturzeneger podrá mantener su actual política, ya que en los próximos meses las exigencias financieras del Estado y las necesidades de la economía darán lugar a una mayor demanda de dinero.
A fin de cuentas, es un clásico que en el verano los gobiernos restrinjan el circulante para luego volver a relajarse y «abrir el grifo».

Pero, además, existe la sospecha de que el mercado puede saturarse ante la gran cantidad de títulos emitidos y, en consecuencia, no estar en condiciones a futuro de seguir comprándolos.

De manera que la polémica que se plantea en la plaza financiera es hasta cuándo podrá seguir funcionando «a full» la aspiradora de Sturzenegger.
Un esfuerzo con alto precio
El arma de seducción del Banco Central para que le compren sus títulos Lebac es el pago de una suculenta tasa de interés.

A mediados de diciembre, este premio llegó a tocar un máximo del 38% anual. Luego fue bajando y ahora se estabilizó en un nivel (alto) cercano al 30 por ciento.

«Conocida la tasa de inflación de enero, la misma permanece en valores superiores a los objetivos buscados», sostuvo el Banco Central en un reciente comunicado, justificando el porqué debió avanzar en una nueva contracción de la base monetaria.
En otras palabras, dejó bien claro que su propósito es que el volumen de pesos guarde relación directa con las metas de inflación que el Gobierno estableció como tema prioritario para este año.

El problema es que el uso de «la aspiradora» no es gratuito: cada peso que se aspira hace más pesada la «mochila de pagos futuros». Y, para peor, sujetos a una tasa muuy alta.

Esto hace que muchos analistas y banqueros estén mirando con detenimiento esta tendencia: «Nunca desde la crisis de 2002 se absorbió tanta masa de moneda local en un arranque de año», destacan desde la Consultora Ledesma.

Además, afirman que en los primeros 50 días de Sturzenegger «las Lebac hicieron la mayor parte del trabajo sucio», en referencia a una absorción monetaria de casi $50.000 millones sólo en enero.

Por lo pronto, a tal punto se apeló a este único mecanismo para achicar la masa de pesos que circula en la economía que entre diciembre y el primer mes del año, el Banco Central emitió Lebac por la friolera de $215.000 millones, convalidando además una tasa promedio del 32% a 60 días (siete licitaciones).

No obstante, algunos analistas ven con buenos ojos la estrategia planteada. Para el economista Federico Muñoz, a partir de ese drenaje de moneda local la base monetaria en vez de crecer al 45% anual ahora lo hace al 30%.

El economista Amilcar Collante, de Cesur, coincide. Compara las gestiones de Fábrega, Vanoli y Sturzenegger y observa que el actual presidente del Banco Central logró extraer en enero más del doble de pesos que sus antecesores (ver cuadro):

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No obstante, los elogios que surgen por la disciplina monetaria que muestra Sturzenegger tienen su contracara en la montaña de títulos a la que deberá hacerle frente: casi $450.000 millones.

«El BCRA enfrenta un exigente cronograma de vencimientos, ya que el 71% de las Lebacs vence en menos de tres meses», advierte un informe de Economía & Regiones, la consultora que tiene al actual ministro del Interior, Rogelio Frigerio, como uno de sus fundadores.

En otras palabras, más temprano que tarde habrá que empezar a pagar el uso de la «aspiradora» y esto es de por sí es un foco de preocupación en la city porteña.
¿Se llegó al límite?
Desde hace un mes, se observan tres características que se vienen repitiendo en las subastas de Lebac que hace el BCRA.
1. Menos pesos «aspirados»: en las últimas licitaciones se notó cierta saturación para drenar moneda local. De hecho, absorbió una cantidad mucho más moderada de billetes.

Entre mediados de diciembre y de enero, $20.000 millones cada siete días; sobre el final del primer mes, $2.000 millones promedio semanales; en la primera parte de febrero, $13.000 millones.

2. Convalidación de altas tasas: en las últimas cinco licitaciones, el interés que tuvo que ofrecer se estabilizó en un nivel alto, cercano al 30%.

3. Plazos más cortos: en las recientes colocaciones, se observó una brusca reducción en los tiempos de vencimientos, ya que prevaleció la captación a períodos más cortos (35 días).

«Tomando las puntas del período, se observa un plazo promedio más de tres veces inferior, mientras que la tasa ha sido prácticamente igual», dicen desde Ledesma.

En resumen, la «aspiradora de Sturzenegger» conlleva algunos riesgos en ascenso, de los que el mercado ya se ha percatado y, en consecuencia, está siguiendo la operatoria más de cerca. A los mencionados se suma:

1. Se incrementó la cantidad de «pagarés»: el actual stock de Lebac se elevó a tal punto que ya representa el 75% de la base monetaria.

2. El alto premio que debe convalidar el BCRA para que le compren sus títulos: los bancos, al prestarle, desplazan al sector privado de los créditos (crowding out) o les exigen una tasa mayor.
3. Los rueda de vencimientos se contrajo: ahora se ubica en 160 días promedio, desde los de 230 de diciembre. Entre febrero y marzo, los vencimientos superan los $260.000 millones (60% del stock total).
El inicio de la fase complicada
Cada vez que los periodistas lo consultan, Sturzenegger repite lo mismo: no elabora su política en base al precio del dólar ni a partir de las necesidades de auxiliar al fisco.

Más bien, expresa que son las diferentes variables las que deben alinearse al principal objetivo de la administración macrista, que es el de cumplir con las metas de inflación.

Debe poner la «aspiradora» a full cuando la suba de precios se muestra más rebelde (para reducir el circulante de dinero) y bajar la velocidad de absorción cuando el ritmo inflacionario así lo permita.

Hasta ahora, el funcionario ha demostrado que honra esa declaración de principios, si bien es cierto que históricamente los meses de verano han sido momentos de alta absorción.

En los meses que se avecinan viene la parte más dura: un Estado que necesitará que el BCRA lo asista para cubrir un elevado déficit y, al mismo tiempo, este último debiendo hacer frente a una pila de vencimientos de Lebac.

Por cierto, la superposición de ambos factores ya despierta inquietud entre analistas y operadores de la city porteña.

El analista Aldo Pignanelli, que pasó por el sillón de Sturzenegger, se muestra convencido de que a la entidad le queda «muy poca capacidad para absorber pesos excedentes».
Hasta hace un diagnóstico inquietante: contra la opinión mayoritaria, cree que la relativamente baja venta de divisas por parte del campo termina siendo una buena noticia para el Gobierno.

«Al Banco Central no le convenía hasta ahora que los cerealeros liquidaran más dólares de los que vendían, porque eso iba a implicar que el organismo tuviera que emitir mucho para comprárselos», afirma.

Otros economistas creen que el costo de la deuda que está acumulando Sturzenegger puede hasta poner en riesgo el objetivo del recorte fiscal. Uno de ellos es Roberto Cachanosky: «Lo que se ahorra en subsidiar la energía se pierde con la tasa de interés que hay que pagar por las Lebac».

Caamaño Gómez, de Ledesma, considera que el Banco Central está haciendo un mal negocio al convalidar una alta tasa para sacar el gran caudal de pesos que heredó.

«Es un juego que se puede hacer en el corto plazo. En el largo lo puede complicar y mucho, porque cada vez debe emitir más y todo se vuelve más caro», argumenta.

El mercado ve en la «aspiradora» de Sturzenegger una suerte de moneda de dos caras. De un lado, están los beneficios de aspirar esa masa de pesos que da vueltas en la economía. Del otro, el alto costo que conlleva la deuda que asume la entidad monetaria.

Mientras tanto, los particulares y las empresas sufren las consecuencias de quedar relegados o de pagar altas tasas por los créditos, al tener que «competir» -nada menos- que con el Banco Central.

 

Fuente: Iprofesional

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