Con sueldos viejos y precios nuevos, la clase media hará menos shopping para enfrentar los costos del ajuste


Las boletas que llegarán con fuertes aumentos ya están provocando una actitud precautoria. A esto se suma la fuerte inercia que muestran los precios, que contrasta con salarios desactualizados. Sectores como línea blanca, electro e indumentaria ya prevén caídas en ventas de hasta 15% para este año

 

 
Pocas veces los bolsillos de la clase media se habían visto golpeados desde tantos frentes como en este verano “caliente” en materia de precios.

La inminente llegada a los hogares de las boletas de luz con los nuevos cuadros tarifarios, con alzas cercanas al 500%; una inflación general que se mantiene en niveles elevados y un salto del dólar que siguió acelerando en febrero, están dándole forma a un cóctel con fuerte impacto en el poder adquisitivo.
El problema es que, en momentos en que los salarios han quedado notoriamente retrasados, el macrismo está dejando en evidencia la falta de políticas novedosas para combatir el “fuego” inflacionario.

Controles de precios, acuerdos con industrias y supermercados y hasta llamados al boicot son algunas de las clásicas armas elegidas para enfrentar la suba de un índice que carcome el poder de compra y que, en pocos días, deberá prepararse para otro golpe, cuando finalmente arriben las nuevas boletas.

El problema que observan los economistas es que, a la baja efectividad que le atribuyen a los instrumentos oficiales para controlar la inflación, el Gobierno le suma su avanzada –ineludible, según el consenso de economistas- para intentar achicar el déficit y acabar con los desfasajes de los precios relativos.

La paulatina quita de subsidios a los servicios públicos, con el consecuente tarifazo, y el anuncio de nuevas subas a las naftas son prueba de ello.

Este choque de variables es, a ojos de Miguel Kiguel, director de la consultora Econviews, el gran desafío que debe resolver el macrismo: “La economía transita un período muy particular. Tras muchos años de silencio oficial, el Gobierno colocó a la inflación en el centro de la escena. No obstante, producto de la complicada herencia, tuvo que tomar medidas que cambian los precios relativos y que –contrariamente a lo buscado- impulsan la inflación al alza».

Todo este menú, con un dólar que roza los $16 y que no hace más que recalentar las expectativas cambiarias, tiene una ineludible consecuencia: el consumo, que supo ser el gran motor del modelo K, parece condenado a mostrar tasas negativas en este 2016.

“Estamos ingresando en la parte más compleja del año. Los precios de la economía vienen ajustándose al alza y en breve van a empezar a sentirse los efectos de la quita de subsidios, un escenario adverso que los argentinos, por ahora, deberán enfrentar con salarios que han quedado viejos”, afirmó a iProfesional el experto en consumo, Guillermo Oliveto, director de W Consultora.

Para los analistas, prácticamente no hay rubro que no se verá afectado: artículos de línea blanca, electrónica, autos, indumentaria y sectores como gastronomía figuran en el amplio listado de actividades que se encaminan a cerrar con números en rojo.

 

Cuenta regresiva para el tarifazo

Las fuertes subas que se esperan en las boletas de luz -a las que se sumarán en breve los ajustes en el servicio de gas- generarán dos impactos: en primer lugar, una actitud precautoria, que derivará en una menor propensión a consumir. Posteriormente, cuando finalmente arriben las facturas, habrá un golpe directo en el poder adquisitivo.

Según estimaciones de la consultora que comanda Miguel Bein, las subas en los servicios públicos tendrán fuerte influencia en el índice inflacionario, de casi 9 puntos, principalmente en la Ciudad de Buenos Aires –donde más desactualizadas habían quedado las tarifas-.

En la misma línea, un informe del IAE advierte que tras la muy leve desaceleración que experimentaron los precios en enero, de cara a “los próximos meses se espera que los mismos se aceleren nuevamente”, básicamente por la inercia que generará «la quita de subsidios a los servicios públicos».

Frente a este cuadro, desde el área económica del IAE, que comanda Juan José Llach, advirtieron que el objetivo de un índice del 25% anual planteado por el Gobierno hoy luce demasiado optimista: «Con el arrastre de los primeros meses y el ajuste de los servicios, generará un piso inflacionario mayor”.
Al analizar rubro por rubro, los electrodomésticos corren con especial desventaja, dado que al alza de precios general se le suma el efecto adicional de que muchos dispositivos están asociados a un consumo energético mayor.

Luego de cuatro o cinco años en los que el kirchnerismo alentó la compra de aires acondicionados y que muchos hogares sumaron un segundo o tercer equipo, la categoría «climatización» será una de las más golpeadas en estos meses.

Por lo pronto, desde Frávega reconocieron que enero arrancó con una caída interanual del 10% en el nivel de ventas.

“Los consumidores están más cautos y son mucho más racionales a la hora de hacer una compra”, afirmó Alejandro Taszma, director comercial de la cadena, quien agregó que otras categorías en electro como televisores LED y computadoras, al ser bienes más prescindibles, también se verán golpeadas.
En tanto, Eduardo Echevarría, project manager de la consultora GfK prevé para el 2016 una caída generalizada del 10% en artículos el hogar.

Para el experto, la suba de tarifas tendrá un impacto más notorio en el ritmo de ventas durante el primer semestre, hasta tanto se vayan actualizando los salarios.

Entre los consumidores no escapa el detalle de que, quien pagaba boletas de luz cercanas a $100 en breve estarán recibiendo facturas por montos cercanos a los $500.

Dado que los pagos serán mensuales y se dividirán proporcionalmente, esto implicará que ya en el arranque de marzo los consumidores deberán resignar de sus bolsillos el equivalente a la mitad de una cuota de un electro, como un SmartTV. Esto, sin contar la futura suba del gas.

Como una consecuencia de esta disparada de tarifas, Echevarría también señaló que habrá cambios en el comportamiento de la clase media, ya que se volverá más selectiva.

«Antes, el nivel de consumo de electricidad de un electro no importaba. Ahora se tenderá a privilegiar la compra de dispositivos más eficientes en términos energéticos», afirmó. Así, aquellas marcas menos enfocadas en esta tecnología, sufrirán más el bajón de ventas.

Al “tarifazo” se suman otras variables que impactarán incluso más en el nivel de demanda y que están vinculadas con las subas de precios. Entre el combo de variables se destacan:

• La devaluación superior al 50% desde que se desarmó el cepo. Esto afecta de modo directo a aquellos bienes con un gran porcentaje de insumos y piezas de origen importado, como es el caso de celulares, televisores, notebooks, tablets, lavarropas y hasta autos.

• La fuerte suba de los costos de transporte. Este ítem afecta especialmente a aquellos productos que requieren de una logística intensa, como los productos que llegan de Tierra del Fuego.
De acuerdo con el índice elaborado por CEDOL, en el caso de las empresas que ofrecen almacenamiento, la suba de costos de los últimos 12 meses se disparó casi 40%, en tanto que para las compañías que ofrecen distribución el alza merodeó el 35%.

Según la cámara, en el arranque del 2016, las variaciones más significativas se observaron en naftas, patentes, peajes y mano de obra vinculada con el personal de seguridad. Y las marcas de electro no han hecho más que trasladar todas estas subas a los precios al público.
El último año, en base a un relevamiento de Gfk, los rubros que experimentaron las alzas más notorias fueron:

• Pequeños electrodomésticos (como multiprocesadoras, batidoras, etc.), con una suba cercana al 46%.

• Dispositivos de informática (notebooks, netbooks, tablets), con un incremento de casi 42%.

• Climatización (principalmente, equipos de aire acondicionado), con una disparada del 41%.

• Teléfonos celulares: 34%

Si se tiene en cuenta que en 2015 las subas de las remuneraciones promediaron el 30%, está claro que muchas categorías se movieron varios puntos por encima de los salarios, lo que restó poder de compra.
Frente a este cuadro, Echevarría destacó que “las heladeras o los equipos de aire acondicionado hoy están más caros respecto de los ingresos que hace tres o cuatro años, en términos reales. Y esto está afectando el nivel de demanda”.

Marcas de ropa prevén un mal año

Bajo la óptica del economista Miguel Bein, la hora de la verdad para el consumo llegará en marzo, “cuando se actualicen las subas en la cuota de los colegios y cuando se vean los nuevos precios de la ropa de invierno. Se vienen meses con un poder adquisitivo cada vez más bajo, hasta que se actualicen los salarios”.

El rubro de la indumentaria, no fue señalado de modo casual por quien fuera asesor de Daniel Scioli. Para Mariano Kestelboim, consultor experto en la industria textil, «sin dudas, será uno de los más afectados este año».

“Hemos realizado un sondeo entre diferentes cámaras sectoriales y la realidad es que en todos los casos los empresarios prevén una caída en el nivel de comercialización para este 2016, vinculada con el deterioro del poder adquisitivo de la población”, destacó el analista.

La previsión, de acuerdo con Kestelboim, es que las ventas de ropa caigan entre un 10 y un 15% respecto de 2015.

“Al ser productos cuya compra se puede postergar, frente a otros que son de primera necesidad, como alimentos, o gastos difíciles de reemplazar, como salud o alquiler, las compañías de indumentaria van a vivir un año muy complicado. Las expectativas que tenemos son malas, especialmente para las Pymes”, agregó.

Desde la consultora Abeceb, la economista Soledad Pérez Duhalde coincidió en que, en un 2016 en el que se espera que la devaluación y la inflación se ubiquen por encima de la mejora en las remuneraciones, “los argentinos tenderán a reducir consumos de artículos prescindibles, como es el caso de la ropa. También se espera una disminución en los gastos de esparcimiento”.

Con salarios perdiendo terreno frente a la suba de precios, y en un contexto en el que los costos de los restaurantes se han disparado –principalmente por el alza en los alimentos y materias primas importadas- los restaurantes ya están sintiendo el contexto adverso.

Desde la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra) confirmaron que esperan una caída en los niveles de rentabilidad, al menos durante el primer semestre.

El rubro alimentos y bebidas -uno de los principales ítems en la estructura de costos de los restaurantes, junto con mano de obra y alquiler- no ha hecho más que dispararse en estos meses, afectando no sólo a los comercios sino también a los propios consumidores.

Considerando el último indicador difundido por la oposición en el Congreso, en el período noviembre-enero, la inflación acumulada trepó casi al 10% y la categoria alimentos y bebidas se ubicó tres puntos por encima de ese nivel.

“Todavía es prematuro hablar de números, pero hay consenso de que hasta junio la situación no será positiva para el sector de los restaurantes. Las expectativas están puestas recién para la segunda mitad del año”, afirmó a iProfesional José Rafael Miranda, vicepresidente de Fehgra.

El 0Km, más lejos

Si bien la compra de un vehículo excede el tema de la suba de tarifas, lo cierto es que el sector automotor igualmente se está viendo severamente golpeado por la actual coyuntura, que conjuga disparada de precios, demoras en la importación y encarecimiento del crédito.

El resultado concreto es que la clase media ya está comprando menos autos. La muestra más contundente se vio en enero, un mes crítico en el que se comercializaron apenas 56.500 unidades, la cifra más baja desde 2005.

Según el economista de Abeceb, Gonzalo Dalmasso, “este año se espera que los precios de los 0Km corran por encima de los ajustes salariales». Esta dinámica, no hará más que alejar a los vehículos de los bolsillos de los argentinos.

A modo de ejemplo, uno de los autos más vendidos del país, como es el VW Gol Trend, en su versión Serie

Manual 5 puertas:

• En febrero de 2013, tenía un valor al público de $67.500.

• Dado que en ese entonces el salario promedio nacional ascendía a $6.700, se requería el equivalente a 10 remuneraciones para acceder a ese vehículo.

• En la actualidad, dicho modelo cotiza a $188.600, de acuerdo con la lista de precios de VW, casi 180% más que hace tres años, cuando hubo récord de ventas.

• Si se toma el último salario neto promedio publicado por el INDEC ($13.500), entonces hoy se necesitarían 14 sueldos para comprar el mismo 0Km.

De la mano de la disparada de los valores, Abeceb está trabajando con un escenario base de ventas del orden de las 600.000 unidades, el registro más bajo desde 2009.
En este contexto, bajo la óptica de Bein, el Gobierno deberá poner foco, antes que en potenciar el consumo, en reactivar la inversión en «fierros», contrariamente a la estrategia que propuso Cristina Kirchner.

«Endeudarse y tomar dólares para pagar sueldos en pesos y que esos sueldos sirvan para comprar electrónica de consumo, significa que en dos o tres años no vamos a tener cómo devolverlos. El verdadero riesgo no es endeudarse, sino para qué. Si es para sostener el consumo local, lo que empieza bien fatalmente termina mal. Los dólares deben utilizarse en más infraestructura, equipos, tecnología, innovación, competitividad», afirmó el economista.

Sin embargo, crece el consenso entre consultoras de que este año, pese al alza esperada por el Gobierno, el PBI se contraerá entre un 0,3% y un 2%.

Para Dante Sica, director de Abeceb, “recién en 2017 la actividad registrará crecimiento, producto del repunte de la inversión y de una reacción moderada del consumo privado, de la mano de una mejora del salario real y de una leve recuperación del empleo privado».

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