Declarando con aguante: CFK, entre su 17 de octubre o la decadencia política


La ex presidenta vuelve al centro de la escena, pero no con el marco espectacular con el que se despidió en diciembre, sino con el fondo de Comodoro Py para declarar en una causa judicial. El kirchnerismo intenta transformar la crisis en un relanzamiento. Hay nervios por el clima enrarecido

 

 

 

Vuelve Cristina Kirchner y la fecha está marcada con un círculo rojo en todas las agendas: el miércoles 13 de abril habrá un punto de inflexión en el ámbito político.

Es que no se trata solamente del regreso al centro de la escena de quien fuera durante ocho años la gran protagonista del quehacer nacional, sino que marca el inicio de una nueva fase en su guerra contra el «Partido Judicial», tal como ella misma ha definido a la Justicia reiteradas veces.

Es probable que no sea el tipo de regreso que ella habría soñado. Después de todo, su despedida a plaza llena el 9 de diciembre -ostentando un alto nivel de popularidad y apoyo militante- podría ser la envidia de cualquier presidente que termina su mandato con el desgaste inevitable que conlleva el ejercicio del poder.

Sin embargo, a pesar de los reveses políticos que el kirchnerismo ha sufrido en los últimos meses, resulta innegable que Cristina sigue manteniendo su protagonismo en el panorama político.

Seguramente había pensado en un regreso tal como le gusta a ella: con una espectacular «puesta en escena» en Plaza de Mayo y con el fondo bullanguero de los muchachos de La Cámpora.

En vez de ese lugar, el escenario serán las escalinatas de Comodoro Py. La ocasión de su vuelta tampoco es el resurgimiento de su partido, de su movimiento político, sino para verse cara a cara con el juez Bonadío, en una causa por fraude contra el Estado vinculada con el manejo del dólar futuro.

La gran incógnita, entonces, pasa por saber si Cristina se mostrará afectada por sus reveses judiciales -incluyendo la reciente imputación en la causa de lavado de dinero conocida como «La Rosadita»- o si tomará esta crisis como una oportunidad de relanzamiento (tal como ha sido su marca personal).

«El kirchnerismo debe ser interpretado a partir de sus recuperaciones», suele afirmar el analista Jorge Asís. Precisamente esa apuesta por resurgir de una crisis política recobra vigencia en estos días.

Las consignas «Vuelve», «Si la citan a ella, nos citan a todos» y «Vienen por ella, vamos con ella» -que han circulado profusamente en redes sociales y en actos partidarios- marcan ese estado de ánimo de la militancia.
Éxito asegurado
¿Logrará Cristina su estrategia de presentarse como víctima de una persecución política, responder las acusaciones y así relanzarse en un momento de debilidad? Por lo pronto, tiene garantizada toda la atención mediática.

El solo hecho de que deba subir las escalinatas de Comodoro Py para ver a Bonadío ya es, de por sí, suficiente atracción para los medios.

Pero, además, está la expectativa por la convocatoria militante para «hacer el aguante».
Varios analistas hasta se han atrevido a comparar este acto con el histórico 17 de octubre de 1945.

Concretamente, trazan una analogía con la mítica manifestación para reclamar por la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón, quien fuera encarcelado por el mismo régimen militar del que él formaba parte y que veía con recelo su transformación en un líder populista.

Aquella manifestación no solamente logró devolverle la libertad sino que resultó el hito fundacional del movimiento de mayor protagonismo partidario durante más de medio siglo.

Pero claro, las situaciones históricas no son comparables. Así que está por verse si este 13 de abril será para Cristina una suerte de renacimiento político o si, más bien, formará parte del segundo capítulo de la decadencia del kirchnerismo, tras su derrota en diciembre.

El primer factor para evaluarlo será, naturalmente, la convocatoria.

¿A partir de cuánta gente se podrá considerar un éxito? Seguramente no habrá «un millón de personas», como dijo Hebe de Bonafini, pero puede descontarse que la concurrencia será masiva.

Si se toman en cuenta los antecedentes de La Cámpora y los grupos afines, como el liderado por Luis D’Elía, puede anticiparse una buena capacidad de movilización callejera. En el peronismo se habla de un mínimo de 50.000 personas, aunque algunos se ilusionan con duplicar esa cifra.

Una incógnita es cómo reaccionará el peronismo tradicional que, en las últimas semanas, ha dado muestras de querer despegarse del kirchnerismo e incluso ha adoptado una actitud de diálogo con el gobierno de Mauricio Macri.

El sueño de Cristina es que esta crisis judicial sirva como punto de partida para aglutinar las partes sueltas de lo que antes había sido su monolítico bloque de apoyo.

No obstante, todavía hay muchos dirigentes que están dudando sobre cuánto les puede afectar políticamente arrimarse a la ex jefa en las actuales circunstancias.

De todas maneras, puede descontarse que el acto de Comodoro Py será multitudinario y cumplirá con su cometido.

Entusiasmo en la militancia es lo que sobra: no sólo se buscará darle apoyo a Cristina, sino que la ocasión se presenta inmejorable como para la catarsis colectiva.

Habrá allí todo tipo de afectados por el cambio de Gobierno, desde ex funcionarios despedidos del Estado y periodistas de medios que ya no gozan de la pauta publicitaria oficial hasta los que quieren gritar su bronca por el ajuste económico.

Estará, sobre todo, la necesidad de recuperar la épica, para una gestión que hizo del «relato» su máxima creación y que llevó a hacer creer a miles de jóvenes (y otros no tanto) que estaban formando parte de un proceso revolucionario.

La oportunidad parece perfecta para un movimiento que a los ojos de los analistas está en crisis.

«La verdad es que el kirchnerismo mantiene su capacidad de hacer ruido si bien en términos políticos ha perdido relevancia», sostiene Alejandro Catterberg, director de la consultora Poliarquía.

«Perdió su poder de veto parlamentario. Sufrió fugas de dirigentes, no pudo frenar en el Congreso la aprobación del acuerdo con los fondos buitre, ni siquiera puede influir en los nombramientos de jueces de la Corte Suprema a pesar de su gran mayoría parlamentaria», ejemplifica.
El contraataque de Cristina
Con el éxito del acto político casi asegurado, lo que resta saber es lo más importante: cómo estará Cristina Kirchner.

Los últimos días han sido prolíficos en cuanto a especulaciones sobre su estado de ánimo. Se habló de su temor a raíz de lo acontecido en estos días y se analizó el hecho de que haya ido a dormir a la casa de la gobernación de Santa Cruz, donde la recibió su cuñada Alicia.

No se ha confirmado oficialmente si la ex presidenta pretende hablarle a la multitud que dirá presente en la entrada de Comodoro Py. Pero, en todo caso, ya fue dando pistas sobre cuál sería el eje de su discurso.

Por lo pronto, el escándalo internacional de Panamá Papers le vino como anillo al dedo para armar su contraataque. Ya hubo una muestra de esto en el comunicado de la familia Kirchner el mismo domingo en el que se conoció el escándalo.

Con la excusa de desmentir una versión periodística sobre su supuesta aparición en esos documentos, aprovechó no sólo para negar la existencia de cuentas off shore, sino también de todo el fárrago de acusaciones contra ella, desde la supuesta aparición de un depósito bancario en Seychelles hasta inmuebles en Nueva York.

En semanas anteriores, había dado otras pistas. Sus escasas apariciones públicas fueron para criticar el tarifazo, el acuerdo con los fondos buitres y para, el 24 de marzo, recordar la carta de Rodolfo Walsh a la junta militar en 1977.

El argumento de CFK es claro: planteará que no la persiguen por haber cometido un delito sino por la política que elaboró durante sus ocho años de gobierno.

Concretamente, al responder ante Bonadío por la causa del dólar a futuro, dirá que esa estrategia se proponía defender el poder adquisitivo de la población al mantener al dólar contenido.

Y que ahora se pretende equiparar con un delito algo que fue sólo una medida económica que apuntó en sentido contrario a lo que luego hizo Macri.

En definitiva, como dijo Alejandro Vanoli, ex titular del Banco Central, ante Bonadío, si el Estado perdió $77.000 millones en el mercado del dólar futuro fue porque la nueva gestión devaluó.

Echarle la culpa de la fuerte suba del dólar al sucesor es un clásico de la política argentina: lo hizo José Ber Gelbard con Celestino Rodrigo tras el célebre «Rodrigazo» de 1975, luego José Martínez de Hoz con Lorenzo Sigaut en 1981 durante la dictadura militar y, más cerca en la historia, Domingo Cavallo con el gobierno de Eduardo Duhalde.

Pero los antecedentes no le importan a Cristina: el argumento viene bien tanto para la defensa judicial como para el contraataque político.
¿Cristina presa?
El macrismo parece estar viviendo esta situación con cierta ambivalencia.

Por un lado, disfruta las desventuras de la ex presidenta y sus seguidores. Pero, por otro, parece temeroso sobre el riesgo de un clima enrarecido en la sociedad.

Desde lo político, está claro que un kirchnerismo que mantenga el protagonismo lo favorece, porque polariza la opinión pública.

«Para Macri, después del tarifazo y del Panamá Papers, el hecho de que salga a hablar Cristina Kirchner es una gran noticia», argumenta Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas.

Y añade: «Él necesita imperiosamente tenerla como enemiga y que esté activa en la escena pública».

Para el politólogo, hay un sector de votantes de Macri que le dieron su apoyo no tanto por su adhesión a él sino por su rechazo a ella.

Por consiguiente, el duro ajuste económico se hace más tolerable si el cuestionamiento más fuerte proviene de la ex jefa de Estado.

«Si Macri es inteligente, no debería preocuparse por el hecho de que haga un acto. Es más, debería ayudarla poniéndole micros a los concurrentes», ironiza el politólogo.

Pero lo cierto es que en el Gobierno hay inquietud. Hasta el propio senador Federico Pinedo, impulsor de la denuncia por la operatoria de dólar futuro, salió a aclarar que sólo había señalado a los funcionarios del área económica pero no a la ex mandataria.

Todo una demostración de que las cosas tomaron una dinámica propia en la Justicia y parecen estar yendo más lejos y rápido de lo que se pensaba en el ámbito político.

Por más que resulte difícil pensar en una imputación contra la ex presidenta por la causa del Banco Central, lo cierto es que desde hace días hay versiones en el sentido de que Bonadío podría imputarla bajo la acusación de liderar una «asociación para delinquir».

Es una figura penal que avala la prisión preventiva. Y ahora, para colmo, aparece imputada en otras dos causas, la de «La Rosadita» y la de Hotesur.
Lo impensable puede llegar a ocurrir. La imagen de Cristina detenida ya no resulta inverosímil y pone a prueba la solidez de todo el sistema político.

Previous El Banco Central lanzó créditos con cuotas indexadas
Next Los pros y contras de los créditos hipotecarios que hicieron su debut este lunes