Los datos de la ANSES: están siguiendo el camino de Martínez de Hoz


Por lo demostrado hasta aquí, se trata de un cambio de rumbo hacia las antípodas de lo que ya existió

 

 

 
BUENOS AIRES (Matilde Serra) – Muy pronto en términos de mandato para que el Gobierno nacional cometa torpezas que van generando más dudas que certezas sobre cuál es el proyecto de país que los líderes de «Cambiemos” realmente tienen pensado.

Por lo demostrado hasta aquí, se trata de un cambio de rumbo hacia las antípodas de lo que existió durante algo más de una década, un pronunciamiento liberal de tono violento y sin ningún remordimiento de orden social. Los resultados están a la vista.

De allí que el eslogan de campaña que prometía «pobreza cero” vaya asumiendo tonalidades grotescas frente a cada medida que se toma, sobre todo cuando se pretende ir por el ciudadano sobrepasando sus derechos más elementales.

En ese terreno se ha colocado el Gobierno de Mauricio Macri al anunciar la cesión de datos de la ANSES al Poder Ejecutivo, al margen de todas las declaraciones que se puedan hacer en el sentido de restar importancia a la cuestión o prometiendo no usar los datos de los afiliados para hacer propaganda política.

Sin embargo, por tratarse de información sensible y frente a los comportamientos cuasi totalitarios con que se dictan las medidas económicas, es natural que se hayan encendido luces de alerta sobre la posibilidad de utilizar esos datos hasta para merodear en la intimidad de los ciudadanos.

Ocurre que el único dueño de los datos es el ciudadano, ni siquiera la ANSES o la AFIP, más allá de que por razones burocráticas haya que cederlos, por lo que desde esa lógica, mal podría un poder del Estado intentar utilizarlos con el fin que fuera.

Otra vez pareciera que el Gobierno está obrando mal asesorado ya que la Constitución Nacional ampara el derecho de las personas a eventualmente solicitar medidas sobre el registro que de ellos tengan entes públicos o privados.

Conviene entonces advertir que por este camino el Macrismo está ingresando en la huella del más siniestro pragmatismo neoliberal rayano con aquel que supo implementarse en la fatídica década del setenta inspirado por la Escuela de Chicago que terminó destrozando el Estado del Bienestar, destruyendo la industria y generando una concentración económica que benefició exclusivamente al sector financiero. Como se recordará, el correlato de aquella política fue el incremento sustancial de los valores de pobreza entre la población, fenómeno que ya ha comenzado a producirse.

El neoliberalismo actuando se alinea con un cambio hacia un nuevo orden de cosas donde la persona –el ciudadano- se atomiza, se destroza y se convierte en un número. Porque el fin último de esta escuela es formar buenos consumidores antes que buenos ciudadanos. El ciudadano es una persona, en cambio el consumidor es un cliente.

De allí que tratar de echar mano de los datos personales de los ciudadanos pueda ser visto con desconfianza pues no se estaría tan distante de pensar que sean utilizados para formar una nueva conciencia de consuma, en suma, una nueva y extravagante forma de clientelismo político.

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