Sumó a la Anses y Salud a su ministerio y tiene el apoyo de Larreta y Vidal. La desazón de Marcos Peña.

 

 

 

Carolina Stanley fue la gran ganadora del recambio de gabinete que oficializó la Rosada este lunes y ya se perfila como la candidata a vicepresidenta de Mauricio Macri para el año que viene.

La ministra de Desarrollo Social se mantuvo al margen de las furibundas negociaciones que la mesa chica del PRO tuvo a lo largo del fin de semana en Olivos, con el repiqueteo de los radicales que no lograron quedarse con ningún ministerio y perdieron dos. Horas de furia en Olivos que comenzaron con la feroz presión del mercado, la política y los empresarios en la corrida del jueves y viernes, para que Macri despida a su jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Desde ese momento y hasta este lunes, Olivos fue en hervidero con fuertes cruces entre Peña y Rogelio Frigerio en el terreno de los “políticos” y entre Nicolás Dujovne y Luis Caputo, en el ala económica. Quedaron heridas: Por caso este lunes, los dos máximos responsables de la conducción económica deciedieron volar a Washington a la cumbre con el FMI, en vuelos separados.

Pocas cosas seducen a Macri tanto como un subordinado que no “opera” para mejorar su posición o perjudicar la de otro. El presidente mantiene ese criterio desde que era jefe de gobierno porteño y le venían a llorar la carta para armar las listas de legisladores.

El ministerio de Stanley no corrió peligro en ningún momento, como sucedió con casi el 100 por ciento de las 23 carteras que se achicaron a 10. Y no sólo eso: la ministra de Desarrollo Social sumó bajo su órbita al ministerio de Salud -Adolfo Rubinstein sólo aceptó ser secretario provisoriamente- y la Anses, la caja más grande del Gobierno.

 

 

Se convirtió entonces en el mando unificado para bancar el conflicto social por el ajuste, una suerte de ministerio de retaguardia.

Con Gabriela Michetti en retirada tras la encarnizada lucha contra la ley del aborto, Stanley quedó posicionada como la candidata de Macri para la fórmula de la reelección. Aunque el Gobierno deberá instalarla y elevar su nivel de conocimiento en la sociedad, acaso lo que mejor sabe hacer el PRO.

Stanley, que proviene del Grupo Sophia, tiene el respaldo de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, las únicas voces del PRO que quedaron por encima de las internas del gabinete, aunque fracasaron en su intento por convencer a Macri que abriera el gobierno al peronismo y fuera a un acuerdo de gobernabilidad con Sergio Massa , Miguel Pichetto y los gobernadores.

El camino allanado a una fórmula presidencial para Stanley es la contracara del sendero de espigas que se le presentó a Marcos Peña. El jefe de gabinete quedó envuelto entre la sensación de alivio por sobrevivir en el cargo y la destrucción del sueño presidencial.

Si se analiza la posición de Marcos de una semana atrás hasta este lunes, se puede inferir que fue uno de los ganadores pues como nunca antes se vio afuera del Gobierno y finalmente fue confirmado como jefe de Gabinete.

 

 

Sin embargo, si se ve la imagen en panorámica, no muchos meses atrás en el PRO lo definían como el “Kennedy argentino” y contaba con el aval de Macri para sucederlo. Hoy, Peña siente que el sueño presidencial se esfumó. Principalmente porque el círculo rojo le soltó la mano y lo vio con mucha claridad como un escollo para que Macri mejorara la calidad de su gestión.

Su mujer, la escritora Luciana Mantero fue la que transparentó el impacto. Luego de pasar un fin de semana de desconsuelo, Mantero envió a los medios un poema del ex presidente norteamericano Theodore Roosevelt, que básicamente es una elegía a aquellas personas brillantes y puras que caen derrotadas.

Marcos ganó muchos enemigos dentro del Gobierno y también fuera. Las cuatro “estrellas” que sonaron para sumarse al gabinete en las últimas 72 horas -Carlos Melconian, Ernesto Sanz, Alfonso Prat Gay y Martín Lousteau- no lo hicieron justamente por la continuidad de Peña en la jefatura de Gabinete. No es un costo menor para el Gobierno.

 

 

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Acaso este lunes, tras suspender por segunda vez consecutiva su informe ante el Congreso y cancelar una visita a la UIA mientras se despedía de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui , Peña haya trazado un paralelismo de su carrera con el ascenso de Stanley. Curiosamente fue la vicepresidencia el lugar que intentó ocupar Marcos en 2015. Como venganza por no conseguirlo, se asignó la posición de Jefe de Gabinete, pese a que no tenía ninguna experiencia en la gestión de las áreas duras que pretendió controlar.

Desde la estructura de control total que montó en esa posición impuso el gradualismo, que estalló en abril y llevó al país a esta encerrena económica y social.

 

 

 

Fuente: lapoliticaonline.com