Los clubes de fútbol necesitan que la política los contemple como algo más que instituciones que generan plata con este deporte, y empiece a entenderlos como espacios que cumplen una tarea social en donde otras instituciones como el Estado, las iglesias, y a veces hasta la familia no llegan.

 

La enorme mayoría de los clubes argentinos no genera plata, mafias, ni barras bravas. La mayoría de ellos son un espacio más donde hace falta gente comprometida que se acerque a colaborar con tiempo, con recursos, con ideas, para mantenerlos abiertos y cumplir el principal objetivo que tienen, que es la contención de miles de niños, niñas y adolescentes que encuentran en el club un espacio para hacer deporte, para conocer amigos, para gastar energía, para salir de la computadora o de las frustraciones propias de la edad que tiene cualquier adolescente.Hace pocos días vivimos una jornada histórica para el fútbol argentino, que terminó siendo un fracaso rotundo no sólo por los incidentes que se vivieron ese sábado en las inmediaciones del estadio de River, si no por las malas decisiones que se tomaron después de ese evento. Una de ellas fue la de presentar un proyecto de ley producto de un desconocimiento total de cómo funcionan los clubes de fútbol en nuestro país, se propuso en términos de evitar procesos de enriquecimiento ilícito, de mafias enquistadas en los clubes y de violencia dentro de las propias instituciones deportivas.En la Cámara de Diputados de la Nación me propuse aclarar que el principal problema del proyecto fue siempre pensar en la lógica de lo que ocurre con los 40 equipos de fútbol más grandes del país, sin contemplar la enorme mayoría de clubes que participan de torneos de AFA en categorías inferiores. Las categorías de AFA son muchas. En el Federal B participan 160 equipos de todo el país en torneos regionales, con un enorme esfuerzo de esas dirigencias deportivas, de esos clubes del interior que en las provincias son los que verdaderamente constituyen el fútbol argentino.

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No se trata del futbol taquillero que vemos en la tele. Se trata de familias que van a alentar a su tío, a su papá, a su hermano, a su vecino que juega en el club del pueblo los fines de semana. El mismo club al que toda la familia fue para aprender a nadar desde chiquitos, o están aprendiendo patín, básquet, vóley, atletismo o danzas en las mismas instalaciones. Y todo, enseñado por los mismos socios que tienen otros trabajos, y en sus tiempos libres dan clases, muchas veces sin cobrar ningún tipo de sueldo.

Otro planteo erróneo sobre el tema fue pretender prohibir que una misma persona pueda ser funcionario público y ser miembro de comisiones directivas de los clubes.

Quienes tenemos compromiso social -lo digo con mucho honor-, los que somos dirigentes políticos en nuestras provincias y en nuestras localidades, somos los que nos involucramos con nuestras instituciones deportivas porque sabemos cuánto le aportan los clubes a las ciudades y pueblos del interior.

La política es una actividad noble, de dar lo mejor de cada uno en el ámbito en que se desempeñe, es estar atentos a las necesidades y problemas para dar soluciones y contención.

Similar a las barras y los grandes clubes: que un puñado de delincuentes hagan desastres no implica que todos quienes van a una cancha lo sean; que un grupo de dirigentes que toman la política para su provecho en lugar de brindarse a los demás, no significa que todos quienes trabajamos en política hagamos lo mismo.

Por eso rechazo a quienes con mala intención generalizan situaciones, comparando sistemáticamente a la política con las mafias, de cualquier tipo. Cuando uno es dirigente lo es en todos los ámbitos y trata de hacer el bien en todas las áreas. Por esa misma pasión por la que somos políticos, somos los dirigentes deportivos los que hacemos el esfuerzo para que nuestras instituciones mantengan sus puertas abiertas, ofrezcan múltiples disciplinas y generemos competitividad y profesionalismo en nuestros deportistas. Y eso cuesta dinero. Que solo llega de la mano de los socios, los sponsors, el uso de nuestras instalaciones para generar recursos genuinos, y también de nuestras influencias positivas.

Por eso muchas veces es el intendente, es el concejal, es el diputado que se hace cargo de la tarea, y el mismo compromiso social que lo llevó a participar de política lo obliga a formar parte de estas instituciones y están dispuestos a aportar soluciones o a financiarlas.

Esas soluciones pueden ser dinero, pero también autorizaciones para realizar peñas y recaudar fondos, rifas y bingos, exenciones de impuestos o tasas municipales, o cuanta actividad surja de la creatividad de esos dirigentes, que hacen lo que sea necesario para mantener el club a flote.

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Esos clubes que hace tres años pagaban $8.000 pesos de luz y hoy pagan $40.000, y hay que buscar plata de donde sea para que no se corte la luz en el club. Abrir la puerta de la cancha para que se pueda jugar un partido en el Federal B de AFA cuesta más de $60.000, con recaudaciones que en venta de entrada nunca llegan a cubrir los costos operativos. Sin contar los viajes que hay que hacer, el pago del médico y la ambulancia, más el pago de los operativos policiales.

Los jugadores de esos clubes no son millonarios; son personas que trabajan de otra cosa, y que van a los entrenamientos a contraturno porque es su pasión. Sus cuerpos técnicos no son famosos, son los profesores de educación física que con mucho esfuerzo lograron capacitarse y tener su formación como DT o preparadores físicos.

He sido dirigente de fútbol muchos años de mi vida, presidiendo Sociedad de Tiro y Gimnasia, en San Pedro de Jujuy. No es común que las mujeres ocupen ese tipo de espacio, pero mí compromiso con la comunidad y mis ganas de trabajar para darle algo más a la sociedad encontraron un espacio ideal ahí. En ese club, hay 1500 chicos, jóvenes y niños trabajando en 11 disciplinas deportivas, varias de ellas totalmente gratuitas, como el boxeo que contiene la marginalidad y la violencia en la que viven nuestros adolescentes en la casa y en el barrio.

En futbol, tenemos más de 120 niños en las categorías infantiles que compiten en toda la provincia, hay tres categorías inferiores de futbol totalmente gratuitas para que nuestros jugadores vayan entrenándose como profesionales, que han sido protagonistas en los Juegos Nacionales Evita. Y tenemos dos equipos profesionales de primera, uno de ellas jugando en el Federal B.

¿Qué las hinchadas son asociaciones ilícitas? Es mentira.

Orgullosamente digo que las hinchadas de nuestros clubes del interior son las que van a pintar la tribuna, a arreglar la cancha y los baños, y muchas veces también a ser los profesores y profesoras de otras disciplinas que se dan en el club.

Por eso afirmo que la familia no se fue de las canchas! A nuestras canchas van las familias enteras, con una canasta llena de pan, bizcochuelo y el equipo de mate. Las hinchadas del interior son las amas de casa, albañiles, maestras, electricistas, laburantes de este país que tienen a sus hijos jugando en el club y van a compartir una tarde en familia cuando hay partido, como hicieron quizás durante la semana cuando había alguna otra actividad en ese mismo club.

¿Y que los dirigentes deportivos forman asociaciones ilícitas? Es un insulto. Nadie saca un peso de esos clubes, porque además no hay plata. Los dirigentes tenemos que buscarla para mantener a esos jugadores, a esos chicos practicando deporte, y a esos salones y canchas en condiciones. Ese es el verdadero sentido del futbol argentino, ahí está la esencia de este deporte que nos apasiona, en estas instituciones de Chaco, Formosa, Salta, Jujuy, Tucumán y cada una de nuestras provincias están esos jugadores que después juegan en las grandes ligas del mundo. Porque la semilla de esos goles que nos llenan el alma de expectativas y felicidad, está en estos potreros del interior de argentino.

(*) Diputada nacional (PJ-Jujuy)