Hace ahora ya un año, nos hicimos eco de una noticia que había conmocionado al mundo de la divulgación científica. El acontecimiento consistía en que periodistas de dos medios alemanes habían conseguido publicar en una revista científica un falso estudio sobre el cáncer.  

Para los propios alemanes este hecho debe resultar algo increíble. Si por algo es conocido el carácter de los profesionales alemanes es por su rigurosidad, su rectitud, su seriedad a la hora de afrontar retos y su eficacia. Seguro que nos vienen a la cabeza deportistas como el piloto de Fórmula 1, ganador de cuatro mundiales Sebastian Vettel, el matemático, jugador y profesor de Póker Felix Schneiders o el guardameta internacional Oliver Kahn; perfeccionistas de la composición como Bach o Beethoven, que nos han dado los grandes clásicos de la música; o empresarios de la talla de Lars Hinrichs, fundador del sitio web XING, entre otros, que muestran bien la personalidad y la cultura germanas.

De hecho, en su momento, La ministra alemana de Investigación, Anja Karliczek, se congratuló de que estos errores se hagan públicos, y sugirió que se continúe investigando al respecto.

Dicho estudio afirmaba que una sustancia llamada “extracto de propóleo” (obtenida a partir de la resina de los árboles y, posteriormente, manipulada por las abejas) era altamente eficaz contra el cáncer colorrectal, incluso más que las convencionales quimioterapias. Para mayor ridículo, las conclusiones del artículo, además, hablaban de otros temas, como el efecto de los masajes en las enfermedades relacionadas con la trombosis.

La revista en cuestión era Journal of Integrative Oncology, y el descubrimiento realizado por estos periodistas, y publicado por el diario francés Le Monde, puso en cuestión todo aquello relacionado con la confianza en lo que se publica en estas revistas. ¿Pero hasta qué punto la fiabilidad de estas publicaciones está en entredicho?

En una entrevista, el Doctor Ignacio Ferreira, jefe de la Revista Española de Cardiología, de gran prestigio internacional, afirmaba que todo depende de los filtros que las publicaciones establecen antes de sacar el estudio; dichos filtros, en su caso, consisten en dos o tres revisores (personas de prestigio en la materia) que ya convierten en improbable un hecho como el que tratamos. El proceso puede durar meses. Por otra parte, también hace referencia a sistemas encargados de evaluar la calidad de las publicaciones de este tipo.

El problema viene con editoriales poco escrupulosas que cobran dinero (cantidades que pueden ser variables según el medio) por publicar el estudio que les llega a las manos, mientras que en las revistas de prestigio no necesariamente existe la contrapartida económica.

Por otra parte, una vez el daño ya está hecho, no son pocos los medios de dudosa reputación que se hacen eco del estudio y defienden sus posiciones poco científicas basándose en algo absolutamente falso. Y después cuesta mucho esfuerzo pedagógico y una gran cantidad de tiempo deshacer lo que está mal. Pensemos, por ejemplo, en el caso del estudio publicado, en The Lancet en 1998, que relacionaba las vacunas con comportamientos autistas; más de 20 años después, todavía se arrastran las consecuencias.

A este tipo de fenómenos se los conoce como “Fake Science”, y además de los ejemplos ya mencionados, existen otros tantos como el estudio que relacionaba el consumo de brócoli con una menor tasa de cáncer, o el de los líquenes contra los tumores. Al final, las personas somos mucho menos críticas cuando una revista con una etiqueta de “científica”, es decir, a la que se le supone el carácter riguroso y la metodología de la investigación, publica alguna cosa; especialmente cuando no somos expertos en la materia y lo que se publica tiene una cierta verosimilitud y nos resulta deseable.

Pero la realidad es que existe una cierta presión para publicar, y es aquí donde aparecen las llamadas “Revistas predadoras; que también están afectadas por la gratuidad de internet y su libre acceso, ya que las publicaciones más tradicionales, y en muchos casos con prestigio, ahora deben financiarse con el pago que hacen los realizadores del estudio por realizar la publicación, lo que puede bajar los filtros a la hora de aceptar o no el estudio.