Un drama ambiental agudizado por la pandemia: “Nada crece alrededor de la basura electrónica, ni siquiera el pasto”


En 2019 se generaron 53,6 millones de toneladas de e-waste, 20% más que hace cinco años. Solo la quinta de los desechos parte se recicla, y el resto enferma a la población de los países pobres y contamina el agua y los alimentos del porvenir al arruinar los suelos.

¿Cambiaste tu teléfono en 2019? ¿O hiciste un upgrade de tu tableta? ¿Acaso renovaste tu computadora o le cambiaste el disco? Enhorabuena. Aunque con moderación: al hacerlo también te sumaste al tsunami —como lo definió la Organización de las Naciones Unidas (ONU)— de basura electrónica que amenaza con cubrir la Tierra: el año pasado los consumidores globales desecharon 53,6 millones de toneladas de dispositivos electrónicos, lo cual marcó un aumento del 20% en el último quinquenio. De todos ellos, solo el 17,4% se pudo reciclar de manera sustentable.

Con 400 millones de unidades de electrónicos, equivalentes a 6,9 millones de toneladas cada año, los Estados Unidos ocupan el segundo puesto mundial en e-wasteprecedidos por China (10,1 millones de toneladas) y seguidos por la India (3,2 millones de toneladas), los dos países con mayor población del mundo. La pandemia de COVID-19, lejos de suavizar el problema, incrementó el uso de gadgets por el confinamiento. Según las estimaciones de la ONU, sin una intervención adecuada es probable que hacia 2050 se superen los 120 millones de toneladas anuales de desechos electrónicos.

Que, por sus componentes, son difíciles de reciclar: a diferencia del papel, por ejemplo, la gestión responsable de los componentes con que están fabricados es tan cara que cuesta más que los materiales en sí; además, muchos contienen metales como plomo, mercurio y cadmio, entre otros elementos tóxicos.

Con 6,9 millones de toneladas cada año, los Estados Unidos ocupan el segundo puesto mundial en e-waste, precedidos por China (10,1 millones) y seguidos por la India (3,2 millones). (EFE/A. Carrasco Ragel)

Ashley Delaney fundadora de TenPlus, una compañía de Goa que recoge basura electrónica, explicó a Mongabay: “Una placa de circuito común, de un móvil o una laptop, contiene aproximadamente 16 metales distintos. La mayoría de los sectores informales probablemente podrán recuperar un par de ellos, pero el resto va a relleno sanitario. Y los químicos peligrosos que se utilizan para extraer estos metales, como el mercurio, se filtran en el suelo, que queda arruinado». A diferencia de los sitios donde se hace compost, ilustró, donde crecen, por ejemplo, hongos, aunque son un basurero, “nada crece alrededor de la basura electrónica, ni siquiera el pasto”.

En realidad el e-waste comprende no sólo los electrónicos sino también todo equipo eléctrico que tenga un enchufe, un cable o una batería: por sus elementos, si bien representan solo el 2% de los residuos sólidos, pueden contener hasta el 70% de los peligrosos que terminan en los rellenos sanitarios. Y la mitad son computadoras, pantallas, smartphones, tabletas y televisores.

Según el Foro Económico Mundial, del equivalente a 5.000 torres Eiffel que cada año se descartan en e-waste, en 2017 el 90% terminó “como relleno sanitario, incinerado o traficado ilegalmente”. También los países de la Unión Europea (UE) se cuentan entre los responsables, además de China, Estados Unidos y la India, recordó el organismo internacional: “Se predijo que la UE producirá 12 millones de toneladas en 2020”, agregó.

Los países ricos exportan gran parte de sus desechos electrónicos a los países en desarrollo: según la ONU, Europa occidental, América del Norte, Japón, Corea del Sur y Australia son los principales exportadores, mientras que India, China, Vietnam, Senegal, Ghana, Nigeria, Costa de Marfil, Egipto, Brasil y México son importadores. Muchos de estos desperdicios «terminan por acumularse en vertederos, donde los metales tóxicos se filtran y penetran en las aguas subterráneas y en las cadenas alimentarias, lo cual amenaza la salud humana y el medio ambiente”, subrayó el foro.

Además de evitar esa contaminación, otra de las razones principales para reciclar los electrónicos es su alto valor. “Son metales difíciles de obtener”, siguió Mongabay. El valor mundial de esto desechos llega a USD 62.500 millones anuales, “más que el producto interno bruto de la mayoría de los países o tres veces la producción de todas las minas de plata del mundo”, comparó.

El foro coincidió: “Es una amarga ironía que las montañas de e-waste que se acumulan en los lugares más pobres del mundo contengan una fortuna. En los teléfonos y las computadoras se encuentran metales preciosos”, recordó. Varios de esos elementos están entre los más escasos de la tabla periódica. “Existe una seria amenaza de que se agotarán en el próximo siglo. Si continuasen las tendencias actuales de uso de recursos naturales, las fuentes de indio se agotarían en 10 años, las de platino en 15 y las de plata en 20”.

A diferencia de los sitios donde se hace compost (donde crecen, por ejemplo, hongos, aunque son un basurero), nada crece alrededor de la basura electrónica, ni siquiera el pasto.

Por ejemplo, cada año se requieren USD 21.000 millones en oro y plata para fabricar nuevos dispositivos. “Se cree que los residuos electrónicos contienen el 7% del oro del mundo, y podrían utilizarse para fabricar nuevos productos si se pudieran reciclar de forma segura”. Es ocioso mencionar el beneficio económico que eso implicaría: USD 62.500 millones por año. Sin embargo, se dice más fácil de lo que se hace.

Según el informe de la ONU, en 2018 los índices de recuperación total del cobalto llegaban a un 30%, a pesar de la tecnología que ya existe alcanzaría potencialmente a reciclar el 95 por ciento. Además, “los metales reciclados son entre dos y 10 veces más eficientes en términos de energía que los metales fundidos a partir de mineral virgen”, destacó Mongabay. “El camino a seguir para asegurar una cadena sostenible en la fabricación y el reciclaje es crear métodos de reutilización eficaces”.

La pirometalurgia y la hidrometalurgia, el modo en que actualmente se extraen y reciclan estos metales, se hacen a gran temperatura y con químicos tóxicos, lo cual a su vez daña el medioambiente: requieren mucha energía y producen grandes volúmenes de gases contaminantes. Una continuación lógica del origen de estos dispositivos: “Hacia 2040, las emisiones de dióxido de carbono de la producción y el uso de electrónicos alcanzará el 14% de las emisiones totales. Es la mitad de todo el sector de transporte», según la ONU.

El 90% de la basura electrónica de 2017 terminó como relleno sanitario, incinerado o traficado ilegalmente. (Shutterstock)

La otra forma principal de reciclaje de e-waste es la informal. “Un documental de 2018, Bienvenidos a Sodoma, exploró el mundo casi distópico y chocante del vertedero de Agbogbloshie, en Ghana, donde la vida gira alrededor de los residuos tóxicos”, narró Mongabay. El sitio de la película explicó: “Es el basurero electrónico más grande del mundo. Unos 6.000 mujeres, hombres y niños viven y trabajan aquí. Lo llaman Sodoma».

Cada año terminan allí unas 250.000 toneladas de computadoras, smartphones, aires acondicionados y otros “dispositivos de un lejano mundo electrificado y digitalizado”. Terminan allí ilegalmente, y por eso no hay leyes que protejan a los trabajadores, que “sufren estrés, dolor de cabeza, falta de aire, dolor de pecho, debilidad, mareos y hasta daño del ADN”.

Los métodos son muy crudos, describió Down To Earth. “Las mujeres y los niños se ven particularmente afectados, ya que queman el plástico de estos electrónicos en el proceso de separa los metales y otros elementos tóxicos, que además son cancerígenos y penetran en su torrente sanguíneo. Muchos estudios muestran aumentos en los abortos espontáneos, nacimientos de bebés muertos, partos prematuros y bajo peso en los recién nacidos» en caso de madres expuestas a desechos electrónicos.

El documental Bienvenidos a Sodoma exploró el vertedero de Agbogbloshie, en Ghana, donde 6.000 mujeres, hombres y niños viven y trabajan». (welcome-to-sodom.com/Florian Weigensamer & Christian Krönes)

La gran apuesta para terminar con estos problemas es el proceso de bio lixiviación, explicó el Foro Económico Mundial. Se trata de la extracción de metales mediante organismos vivos, en general microorganismos, algo a la vez rentable económicamente y menos lesivo para el medio ambiente.

No es algo nuevo: “La bio lixiviación ha existido desde el Imperio Romano. La industria minera moderna ha dependido de ella durante décadas, usando microbios —principalmente bacterias, pero también algunos hongos— para extraer metales de los minerales”, siguió el foro. “Los microorganismos modifican químicamente el metal, lo cual lo libera de la roca circundante y le permite disolverse en una sopa microbiana en la cual puede ser aislado y purificado. La bio lixiviación requiere muy poca energía y por lo tanto deja una huella de carbono muy pequeña. Tampoco utiliza químicos tóxicos, por lo que respeta el medio ambiente y es segura”.

Si bien hasta ahora el proceso ha despertado más interés académico que práctico, ya se ha probado en la extracción del cobre de las placas de circuitos informáticos desechadas: se lo logró reciclar en láminas de alta calidad. Una desventaja de la bio lixiviación es la lentitud en comparación con los demás métodos. “Por fortuna, la ingeniería genética ya ha demostrado que podemos mejorar la eficiencia de estos microbios en el reciclaje ecológico”, observó el foro.

Europa occidental, América del Norte, Japón, Corea del Sur y Australia son los principales exportadores de e-waste; India, China, Vietnam, Senegal, Ghana, Nigeria, Costa de Marfil, Egipto, Brasil y México son importadores.

Los consumidores también pueden cooperar, argumentó Mongabay, en detener el tsunami de e-waste. Lo primero que está en sus manos hacer es reusar: “Utilicen sus dispositivos por más tiempo. La actualización a un nuevo electrónico debería suceder, idealmente, por necesidad, no por estilo. Aquellos que estén de acuerdo en usar electrónicos de segunda mano también pueden hacerlo”.

El segundo es reparar: muchas veces la gente tira algo que se ha roto en lugar de arreglarlo. Y por fin reciclar, cuya mejor opción implica hablar con la marca fabricante de los electrónicos. “Pregunta cuál es la política de devolución y reciclaje”, siguió el sitio indio. “La mayoría de las marcas tienen detalles de la colección en sus páginas web. Úsalos. Piensa más allá de los teléfonos y las computadoras portátiles, ten en cuenta todos los aparatos electrónicos: baterías (de automóvil, de gadgets), altavoces, luces de tubo”.

A estas alturas de la revolución tecnológica el problema, además de ambiental, es cultural. Hace 10 años, por ejemplo, la artista Julia Christensen, de Oberlin, Ohio, se encontraba en la India por un proyecto creativo cuando la invitaron a visitar un centro de procesamiento de basura electrónica. Se quedó pasmada ante el gigantesco volumen de objetos que vio, que alguna vez habían sido nuevos y brillantes y modernos y atractivos, y ahora eran un mamut de basura contaminante.

Una de las obras de Julia Christensen sobre la cultura de la actualización constante de gadgets, «Upgrade Available». (Julie Christensen/LACMA)

“Inmediatamente se me cruzó la pregunta de qué es lo que sucede con nuestra relación con estas cosas. que perpetúa este loco desastre medioambiental”, dijo a La Magazine a propósito de su muestra Upgrade Available(Actualización disponible), en el ArtCenter College of Design de Los Angeles. “Empecé a pensar en nuestras relaciones humanas con la electrónica y los medios de registro y a pensar en esas complejidades para entender más ampliamente la crisis de los desechos electrónicos”.

El show es virtual hasta que la galería vuelva a abrir o hasta el 20 de diciembre si el COVID-19 no lo permite; también se acompaña con la salida de un libro con las fotos de Christensen. Ella investiga lo que llama “la cultura de la actualización”, ese deseo colectivo de comprar gadgets nuevos que lleva a esta crisis de e-waste. “Nos quedan muchos interrogantes sobre el proceso de reciclaje. Con mucha frecuencia, gran parte de estos artículos son desechados”, concluyó.

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