DOÑA VICENTE, CURÓ A MILES EN PERICO Y HOY NADIE SE ACUERDA DE ELLA


Por esos raros estigmas del destino, esta pobre mujer en un tiempo no muy lejano fue importante para miles de periqueños, debido a su arte de curar de susto y empacho. Hoy vive en la extrema pobreza sin ayuda de nadie.

Entre los cientos de oficios y prácticas que en Jujuy fueron extinguiéndose por diversos motivos, se encuentra el del curandero. Mayormente desarrollado por mujeres, el curanderismo tiene hoy pocos exponentes diseminados en distintas localidades de la provincia. Una de ellas es doña Vicenta Segovia, una mujer de unos 75 años que practica el arte de “vencer” y ahuyentar dolencias físicas y espirituales. En otros tiempos, doña Vicenta fue una importante mujer a la que recurrían cientos de padres para que les cure del susto o del empacho a sus hijos.

Cuentan los que la conocen, que entre sus proezas más recordadas hubo casos de todo tipo: personas con cáncer que se curaron tras visitarla, parejas imposibles que se formaron o reconciliaron tras su intervención, desocupados que consiguieron buenos trabajos y prosperidad, y hasta políticos que obtuvieron determinados beneficios tras acudir en busca de los servicios de la abuela Vicenta. “Me traían personas casi muertas, y yo las curaba”, recuerda. La enciclopedia virtual Wikipedia define al curandero como “el equivalente moderno de la figura del chamán, o del hierbero. Un personaje al que la gente recurre para sanarse físicamente, o para quitarse el llamado mal de ojo, o trabajo de brujo: magia negra”.

En el caso de la abuela Vicenta su inicio en el curanderismo se hacía hace unos años atrás, aunque tiene una pensión que le otorgó el gobierno ganaba más ofreciendo sus servicios a quienes creen en este “arte” de curar. La abuela vive al margen de la ruta 66 casi al frente del Aeropuerto Internacional Horacio Guzmán, la vivienda en la que reside junto a su hijo Felipe (45) es de barro, no tiene luz ni comodidades. Estas viviendas son prestadas por patrones a los empleados que trabajan como golondrinas en épocas de producción y cosecha.

Los años de Vicenta le impiden poder movilizarse como otros tiempos, “hubo semanas que tenía que gatear porque no podía movilizarme con mis piernas” recuerda entre lágrimas. Vicenta toma agua para poder seguir hablando. Y dice que una vez su hijo se fue con un extraño porque le ofreció pan, “vení, vamos te voy a dar pan y por eso se lo llevaron” dice sobre Felipe su hijo minusválido.

La anciana, está sentada bajo un árbol para poder refrescarse ante el poder del sol que sacude a la ciudad, “necesito algo en que poder movilizarme, no podemos vivir como un perro” dice ante de volver a quebrarse.

Vicenta hoy no vive bien, la pobreza se adueñó desde hace unos años de su vida, aunque muchos después que se curan pasan a verla para agradecerme siempre, pero no miran más allá de la puerta para adentro. La situación que hoy afronta la curandera periqueña es delicada y difícil, la ayuda que a veces espera no llegó y los días se hacen largos. Sin embargo, ella no pierde la fe de que a muchos que los salvó de la muerte se acuerden alguna vez de ella.

Fuente: diarioelportico.com

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